No. 455, Una vida, una Obra

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FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez,  Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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GONZALO MÁRQUEZ CRISTO UNA VIDA, UNA OBRA


 Gonzalo Márquez Cristo
Febrero 1º. de 1963 – Mayo 24 de 2016




                                             


                                               







       



























   









HOMENAJE


Por Amparo Osorio



INVERNAL

            A Chali

Oscurecía en los ojos de los árboles.
Yo aspiré entre su aroma
los llantos ocultos
de la última tempestad.
Y nada pude hacer contra ese invierno
que me azotaba el rostro.
No hay lucidez para el olvido.
Tampoco hay esperanza.

(De: La caída interior)



GONZALO MÁRQUEZ CRISTO UN POETA ESENCIAL


Por Antonio Correa Losada*

Toda pasión contiene una potencia desconocida que nos vuelve seres disponibles, para afrontar entre el delirio y la sensatez, las tareas bizarras que concibe la imaginación. A su alrededor, el mundo queda intimidado, agitado por esa fuerza desprejuiciada, vital, alegre. Así nos movíamos por calles y avenidas de los barrios del centro de Bogotá: La Macarena, Chapinero y La Soledad; por librerías, restaurantes y cantinas, abiertas al mediodía, entre el sol y el frío de la Sabana y las noches incondicionales, atrabiliarias, llenas de secretos y asombros. Con Gonzalo Márquez Cristo (1963), nos encontramos en el tránsito de esa década dura e insípida de los años 90, donde el espejismo y el fetiche del consumo y el capital imperial, eran la marca de triunfo de la época. Ese amigo, inigualable, niño grande, alto y un tanto escuálido, de melena rojiza o negra alborotada, quien como pacto de complicidad, desplegaba una sonrisa pícara en su rostro, enmarcado por una barba rala. Fueron los años, cuando dio inicio a su proyecto editorial como partícipe de la fundación de la revista cultural Común Presencia, que mantuvo durante varios años como la ventana indómita de donde salían y se reflejaban --desde diversas latitudes-- destellos desconocidos de la poesía. Búsquedas y encuentros, con una propia y exigente visión, a la que llamó, la “aventura esencialista”. Gonzalo, en un estado festivo y permanente de ansiedad, lo arrollaba todo a su paso. Su palabra aguda e inesperada, era un instrumento poderoso de reflexión y réplica. Las noches se convirtieron en ámbitos sin tregua, donde como editor participé en la armada y diseño de la revista. Nos reuníamos en su apartamento, provistos de paquetes de cigarrillos, uno o dos frascos de Néctar, y en un proceso alquímico y embriagador de lecturas en voz alta, propuestas, altercados y decisiones, preparábamos hasta el amanecer los números de la revista, junto a la poeta Amparo Inés Osorio, quien transcribía lo que por fin los tres habíamos seleccionado: Francis Ponge, Shopia de Melo, Olga Orozco, Mark Strand, Claude Michel Cluny, o poetas de México, Brasil, Colombia. En esas jornadas insomnes, también participaron los poetas Jorge Torres Medina, Mauricio Contreras Hernández, y ese entrañable editor que se llamó Julio Jaramillo. Apocalipsis de la rosa, su inicial libro de poemas lo publica en 1988 y fue saludado por el poeta Roberto Juarroz, con estas palabras: “Me parece un valioso ejemplo de lo que debe ser la poesía”. A su vez, Roger Munier, dijo: “Su poesía fuerza la intimidad de los dioses”. En “Raíz de vuelo”, poema de ese libro, dice: Un intercambio de heridas / puede revelar el enigma: / mi pacto con la sorpresa / aún no ha sido perturbado. / Giro en torno de la noche / oyendo llorar a quienes / han abierto la gran puerta, / y si el cadáver / persiste en su pregunta / sólo el vacío puede detenerme: / inventor del alma feliz… // Mi sueño es único o antiguo / --la historia del fuego / es cantada por el agua- - / y como nadie puede despertar / en tu presencia, no soy / rehén de los espejos. En Apocalipsis, establece las claves y la búsqueda de un lenguaje escueto que precisa los límites en que nos movemos, y en un afán metafísico impregnado de mística --en cuanto entrega y desciframiento-- señala la esencia que nos constituye. Seguirían La palabra liberada (2001), Oscuro nacimiento (2005). En 1992, publicó Ritual de títeres, ese “recurso del olvido”, como llamó a la novela. En el 2015, un grupo de pintores celebró en su homenaje una exposición excepcional, con obras centradas en la lectura personal de la novela. En 1998, dio a conocer El tempestario, un breve volumen de relatos cargado de magia y poesía, uno de sus libros más íntimos y personales. Como editor, recopiló, en una bella edición La casa leída (1996). En el 2007, con La pregunta del origen, obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Maurice Blanchot. Como periodista, Gonzalo Márquez, logró que la entrevista adquiriera una estructura audaz e inteligente, al permitir más allá de las palabras, descubrir la raíz creadora del pensamiento del entrevistado. Con Amparo Inés Osorio, encontró en sus países de origen o en citas y encuentros inesperados las respuestas de E.M. Cioran, Octavio Paz, Roberto Juarroz, Jean Baudrillard, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Antonio Ramos Rosa, Eugenio Montejo, Juan Goytisolo, Olga Orozco, Lawrence Durrel, Roger Munier, Carlos Fuentes, Casimiro de Brito, Mario Vargas Llosa, Bernard Noël, Fernando del Paso. Alfredo Silva Estrada, Álvaro Mutis, Franco Volpi, Hans Magnus Enzensberger, Ernesto Sábato, Antonio Gamoneda y José Saramago. En Grandes entrevistas de Común Presencia (2010), Gonzalo Márquez nos deja un legado periodístico, sin igual y espléndido; junto con la edición conmemorativa del periódico virtual, ConFabulación100, en el 2009. Márquez, fue un ser cosmopolita, no solo por la visión totalizadora de lo que significa la cultura en el mundo contemporánea, sino por el encuentro que estableció con creadores de diversa procedencia, para mostrar la esencia humanista de la palabra como expresión poética. Estuvo en Ecuador, en encuentros memorables, leyendo su poesía en Quito y Cuenca, invitado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el Gobierno de Pichincha y el Ministerio de Cultura, donde compartió con los jóvenes y dejó vínculos, que solo una poesía signada por la sensibilidad y el presagio, puede dejar. Con una dedicación inusual como editor independiente, fundó la Colección internacional de literatura Los Conjurados, con más de 120 títulos, en ediciones cuidadosas y acompañadas con obras luminosas y surrealistas, de artistas como el maestro Ángel Loochkartt, Jim Amaral, Armando Villegas, Pedro Alcántara, Jacobo Borges, Fernando Maldonado, Sergio Trujillo Béjar, a quienes promovió con ensayos introductorios, en un lenguaje vigoroso y directo y con una concepción del arte, lucida e innovadora. Gonzalo Márquez Cristo, después de sufrir una enfermedad arrasadora, murió en Bogotá el 24 de mayo de 2016. Y la vida, nos sacudió y sacude con su fragilidad. Este lector voraz, poeta, periodista y prolijo editor, dejó su huella --como la ruta de un cuestionamiento incesante-- para encontrar una esperanza que jamás podrá humillarnos.

*Escritor y editor colombiano residenciado en Ecuador.



METAPHYSICA

Sé que el camino terminará por encontrarme.
Como todo lo que se hace visible para morir.


Gonzalo Márquez Cristo

(De: Oscuro nacimiento)


***

No. 454. Escribir, tan solos

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ESCRIBIR, TAN SOLOS - DE CARLOS SKLIAR


Bajo el sello Mármara Editores (Madrid, 2017) ha comenzado a circular este nuevo libro del escritor argentino Carlos Skliar, Escribir, tan solos. A continuación publicamos una semblanza en la que el escritor Mario Alberto Medrano González, nos introduce a estas inquietantes páginas. 




¿Qué soledad fue la que acechó los ensayos de Escribir, tan solos? Mi primera respuesta ha sido “la soledad en llamas” de la que escribió Gorostiza. No son pocos los esfuerzos de Carlos para enfrentarse al incendio silencioso de la lectura, su preocupación –si es que alguna hay- parte del oficio de lector, antes que del escritor.
La soledad de Carlos Skliar es inaccesible, y así lo es porque tampoco le pertenece. Lo mismo sucede con cada uno de los autores que componen el corpus de este volumen. Estos ensayos son al mismo tiempo Diarios, confesiones hechas a bocajarro, y si la escritura es intimidad, entonces ya es demasiado tarde para arrepentirse por lo escrito.
“El ritual del hombre es la soledad, ésa es su patria; del territorio de la voz que piensa…”, afirma de forma poética, el autor. Entendemos con estas líneas que los escritores prefieren el monólogo al diálogo, la reclusión, el estado de sitio. Muchas de las soledades que ahí se dibujan son lugares donde extender la palabra.  
Ya sea Montaigne, Pessoa, Coetzee, Duras, Juarroz, o cualquiera de los aquí incluidos, tenían una sospecha: el otro, ése que no es como nosotros, tiene un secreto de nuestros nombres, de nuestra palabra, de nuestro lenguaje. La soledad y la escritura son acción y contemplación.
Pensé iniciar este escrito diciendo que yo sé que es la soledad: la poesía, ese imperio de la memoria y el deseo. Sin embargo, a mis quince años, cuando yo sabía todo, cuando estaba seguro que todo lo conocía, siempre miré la infancia como el único territorio de la soledad: todos los soliloquios se vuelven ficciones. La soledad se erige como un árbol a mitad del mediodía. Muchos de los escritores que analiza Skliar comenzaron su vida literaria desde una distante infancia, en ese lugar de verdades completas. Creo que ambas ideas pueden ser ciertas.
La urdimbre con que están escritos estos ensayos es el irrefrenable tiempo. Un registro detallado del naufragio de la lectura. Pocos pueden decir gran cosa sobre sí mismos, pero sobre otro es muy posible. Skliar ha craneado cada uno de los libros-personajes que aquí lo atormentan, artistas que despertaron en él la curiosidad de mirarlos desnudos, de reinventarlos si se quiere. Aquí, soledad no es hablar en voz baja, es más bien una rebelión, como el mismo autor lo dice. El solitario es la vuelta de tuerca en el drama de la historia.  
Si la soledad es un punto de vista, como el autor intuye, este libro es un pensamiento consumado. Escribir, tan solos un libro escrito contra la frivolidad. Las atmósferas en este libro recrean más una cantina con un solo hombre, una casa de un solo espejo, habitaciones de noche, todos los personajes de Tolstoi, los heterónimos de Pessoa, los aforismos de Cioran, la poesía vertical de Juarroz, los tártaros de Buzzati, el mar calmo de La Iliada, la sífilis de Nietzche, los bárbaros de Coetzee, la antorcha al oído de Canetti, el Kafka de Gregorio Samsa, la voz de Keats que dice “nada sé, y sin embargo la tarde me escucha”… Escribir, tan solos es un puente entre los escritores que Skliar ha decidido escudriñar y los escritores que cada lector quiere traer de sus imaginario.  
Posterior a la lectura de estos ensayos, me revolvió una duda el pensamiento: Si el hombre no es la medida de todas las cosas, como demostró Sócrates a Hermógenes, acaso la soledad sí lo es.  

NUEVOS POEMAS DE HERNANDO SOCARRÁS




La lealtad

La lealtad es un latido
que apresura la transparencia
del corazón.
Es como llevar una estrella encendida 
en algún lugar del pensamiento,
y compartir la certeza de estar vivos 
entre las formas del igual.

Sin los excesos

Puede advertir el espacio
que se prolonga en la soledad.
Puede ser su propio amuleto
sin los excesos de la razón.




EL CINE INTERROGANDO NUESTRA NOCHE



Omar Ardila

“La luz es el primer animal visible de lo invisible”

(Fragmento del filme Nuestra Música de Jean Luc Godard)


Siguiendo el mismo esquema de La comedia de Dante Aligheri, Godard nos presenta en Nuestra Música (2004), un filme dividido en tres partes (I Reino: Infierno, II Reino: Purgatorio y III Reino: Paraíso) las cuales son disímiles en la duración, en el manejo narrativo y en los aspectos técnicos. Sin embargo, las tres mantienen una constante reflexiva centrada en diversos procesos a lo largo de la historia, que dejan a la especie humana muy mal situada respecto de la aspiración a una tranquila convivencia.
La primera parte (el reino del infierno), cuya duración es de siete minutos, está conformada por una serie de fragmentos de filmes clásicos (argumentales y documentales), montados a través de un soporte videográfico. La unidad temática de dichos fragmentos secuencializados la constituye el permanente accionar de guerra que ha acompañado nuestros pasos. Vemos en una especie de collage cómo se alternan imágenes de colonizaciones, cruzadas, campos de concentración, explosiones, seres desmembrados, niños sumergidos en una actividad que no alcanzan a comprender... En fin, ¡El terrible lastre de la guerra! En diferentes escenarios y momentos. El ritmo es vertiginoso y tiene unas variaciones musicales con presencia de fuertes sonidos de piano que le imprimen una sobria profundidad y elegancia. De entrada recibimos un duro impacto con la agobiante crudeza de las imágenes en las que el “mensaje” es contundente: asistimos al horror que nos queda tras desnudar la agresiva condición humana.

El segundo reino (purgatorio) es el de mayor duración y el que concentra un mayor número de reflexiones, posiciones y variaciones referentes a la posibilidad fílmica. El relato se ubica en la semidestruida ciudad de Sarajevo luego del conflicto balcánico. Allí concurren personalidades del mundo intelectual a un encuentro de escritores, y junto a ellos asisten periodistas y estudiantes, quienes los indagan continuamente sobre la lectura de la situación actual desde sus distintos saberes (literatura, poesía, cine, filosofía). Entre las personalidades presentes se encuentran: Jean-Paul Curnier, Juan Goytisolo y Mahmoud Darwish (autor de La palestina como metáfora, la cual se cita expresamente en el filme). Tenemos, entonces, un verdadero encuentro de lenguas, puesto que cada autor habla la suya, haciendo un llamado al entendimiento intercultural y a la convivencia, y adoptando un lenguaje equilibrado que pretende ser inclusivo. Con todos ellos se establece un rico diálogo interdisciplinario que invita a revisar y a repensar nuestros discursos en el marco de un momento histórico cercano al cataclismo.
En Nuestra Música hay una persistencia en las citas – como es acostumbrado en los trabajos de Godard –, sólo que en esta ocasión, los mismos autores presentan de viva voz sus reflexiones, incluso, el mismo Godard manifiesta su visión sobre la práctica cinematográfica.
A lo largo del camino por el purgatorio también se plantean problemas filosóficos de antigua preocupación. Un ejemplo es la pregunta por la muerte, la cual no queda resuelta durante el filme, sino que aumenta las posibilidades para su abordaje. En uno de los textos se nos dice: “la muerte tiene dos posibilidades: ser la posibilidad de lo imposible o ser la imposibilidad de lo posible”. Se abre así, un amplio espectro que nos recuerda lo indefinible de ciertas situaciones y que pone en nuestras manos la posibilidad de escoger los eventos. Es el hombre quien determina, desde su posición ideológica, la ruta por seguir sin tener que sujetarse a parámetros externos. Pero, al mismo tiempo, duda de ese “buen juicio” atribuido al hombre ya que la cita anterior se completa con una segunda parte que dice: “o yo soy un otro”. El yo para completarse necesita de su ausencia – su contracampo es aquello que le hace falta –. Y esa ausencia extraviada es producto de la escisión que nosotros mismos hemos generado en todo. Por tanto, la seguridad pretendida para tomar las decisiones correctas no es más que una ilusión del ser que no se reconoce (del yo que sabe que es otro: un extravío). Y para trascender dicho discurso, Godard lleva la reflexión a una dimensión socio-política cuando agrega que “el sueño de un individuo es ser dos” y por su parte “el Estado busca ser uno”. El individuo que reconoce y añora la realidad de lo ausente, y el Estado que requiere para su existencia, la cohesión del poder y la fuerza en un solo estrado para así pasar por encima del individuo.
Pero decir que el individuo “aspira a ser dos” no supone aceptar una división irreconciliable, ni que el uno se transforme en el otro; por el contrario, Godard apunta hacia la conjunción en medio de las multiplicidades. Dicha conjunción se ubica en la frontera que se establece entre dos elementos. Es allí donde se hace visible lo imperceptible, donde reside la facultad creativa e integradora. El lugar hacia donde debe mirar el artista para realizar su trabajo. Con verticalidad poética, Godard lo describe bellamente: “la luz es el primer animal visible de lo invisible”.
De igual forma, hay reflexiones en torno a ciertas dinámicas políticas que han sido objeto de constantes discusiones. Pese a la desenfrenada actuación del hombre en contra de su propia naturaleza, Godard insiste en que la raza humana puede construir y se merece una mejor vida, pues el hombre está por encima de ideologías y de principios estatales y la vida debe ser respetada ante todo. Por tanto “matar a un hombre para defender una idea no es matar una idea, es matar un hombre”. Así las cosas, el respeto por la vida se vuelve necesariamente un imperativo en la obra de Godard. Para el cineasta francés, la verdadera revolución debe venir a través de la creación. El artista está llamado a desconocer las relaciones de poder nocivas para la convivencia. Toda la fuerza creadora es la que potencializa el cambio. Pero no concibe un artista que toma distancia de lo que realiza – se cita el caso de Homero – sino el artista que cuestiona su mundo interno desde su posición de clase – y pone como ejemplos a los poetas Valente y Lezama-Lima –. Incluso, va más allá con su discurso: pone a la poesía como el gran estandarte generador de unidad entre los congéneres. Es aquí cuando le da paso al poeta palestino Mahmoud Darwish para mostrarlo como un adalid que encarnó las vivencias de su pueblo y lo animó a mantenerse en pie, desconociendo la derrota. ¡Por fortuna, los palestinos aún tienen poesía!... El poeta advierte con vehemencia que “si nos derrotan en poesía, ese será el fin”. Aunque se viva en la zozobra de creer que todos los otros son enemigos, la palabra poética derriba esos muros de temor e invita a la convivencia. En una secuencia llena de carga simbólica, aparece un albacea intentando recomenzar la “civilización” con los libros que algunos tiran a la basura (como queriendo expiar su culpa por haber seguido esas lecturas). La poesía, entonces, será siempre renovación y esperanza.
En Nuestra Música, Godard continúa con su irreverencia cinematográfica, y como ha acostumbrado, teoriza sobre los principios que deben acoger las obras fílmicas. De forma positiva (incluso salvadora) presenta la posibilidad expresiva a través de la imagen-tiempo que condensa el cine: “el principio del cine es ir hacia la luz y dirigirla sobre nuestra noche... Nuestra música”. Lleva el discurso escindido de las categorizaciones formalistas del cine a la integración. El contracampo no es un opuesto definitivo, es un espacio para tener en cuenta y completar el acto creativo. La preocupación por la imagen no es tanto por su forma sino por el diálogo que logra establecer con el espectador – las relaciones perceptuales que genera en su posibilidad de comunicar algo –. “La imagen es felicidad pero a su lado está el vacío, y éste sólo se llena convocándolo”. Es más, pone en duda la separación entre documental y argumental. No existe tal claridad sobre lo real y lo imaginario o sobre la certidumbre y la incertidumbre. Al final de Nuestra Música nos queda la sensación de haber visto una obra documental, pues Godard junta actores (personajes) con personas de la vida real en un ambiente de tranquila convivencia – de esta manera, rompe la estructura composicional de los entes del relato audiovisual para las obras de ficción –; y ubica la historia en una ciudad en ruinas, devastada por la implacable guerra, en medio de un encuentro de pensadores. Será difícil, entonces, encontrar más realidad que la expuesta en toda la dinámica de la película.
Pareciera confirmársenos la pretensión de Dziga Vertov, para quien el cine sólo puede estar preocupado por la realidad. Esa capacidad para captar la luz que ostenta el cine, necesariamente debe ser vertida sobre nuestra larga noche. Godard quiere develar cómo es que se ven los actores de la ocupación de Israel a Palestina; por eso se piensa, para efectos del filme, como israelí y le da vida al personaje de una joven de ese país que continuamente se interroga sobre por qué son odiados en muchas partes.
En el filme, intencionalmente, hay una despreocupación por la parte formal de las imágenes (angulaciones perfectas o equilibrios dentro del cuadro) pues la imagen tiene luminosidad propia al interior de sí misma y lo que requiere es una pantalla oscura que no la deje moverse en todas las direcciones. De ahí que resulta siendo un acto ético, el manejo que se le dé sobre esa pantalla a las imágenes.
La cámara como instrumento que permite ver de otra forma la realidad, nos propone un camino abierto para la experimentación. El problema en la mayoría de las producciones es que desde el inicio ya tienen definido lo que van a proyectar, reduciendo así la vertiente de novedad que siempre nos entrega la cámara. Godard sí le apuesta a esas posibilidades renovadoras del dispositivo cinematográfico, por eso se salta muchas normas de continuidad visual y auditiva en aras de establecer un diálogo propio. Le da cabida a bruscos movimientos de cámara y a encuadres que cortan los personajes; también produce superposiciones de sonidos, algunos de los cuales no concuerdan con el cuadro. Hay narraciones en off, varios diálogos al mismo tiempo (los cuales resultan incomprensibles), y además, largos monólogos con densos discursos. La cámara se convierte en un instrumento trasgresor de la mirada en el que el director francés siempre ha creído, debido a sus posibilidades vanguardistas. Al final, cuando se le interroga por la suplantación del cine con la tecnología digital, su respuesta es más que reveladora: ¡El silencio!

En el tercer reino (paraíso), la joven israelí que apresuró su muerte para lograr la reconciliación, recorre victoriosa un escenario costero en el que todo parece armonioso. Todos los personajes están en estado de contemplación como olvidados del tiempo. La tonalidad de las imágenes es más intensa, todo es más claro, más nítido. Godard retoma la metáfora cristiana de Adán y Eva pero, en esta ocasión, sin referencias al pecado, pues el hombre y la mujer comparten tranquilamente la manzana. Y sarcásticamente, el escenario es resguardado por los marines “americanos”. El paraíso de Nuestra Música es puro divertimento. Después de habernos golpeado intensamente las anteriores dos partes, ésta última nos genera cierta esperanza. Pero su realización, posiblemente tenga lugar, cuando ya sea demasiado tarde.

Antes de finalizar este breve acercamiento a una obra del más grande director de cine aún vivo, es preciso recordar que Godard siempre se ha caracterizado por seguir su “propia línea” (contestataria, irreverente, generadora de rupturas en todo) a lo largo de sus numerosas realizaciones, en las que ha aplicado fervientemente su conocida máxima “no una imagen justa, sino justamente una imagen”: la imagen que no se adecua a los modelos preestablecidos sino aquella que es un devenir constante, que desestructura el ritmo convencional dado a los imaginarios cinematográficos. En palabras de Deleuze, “Godard se ha adelantado a todo el mundo y a todos ha marcado, pero no por la vía del éxito sino más bien siguiendo su propia línea, una línea de fuga activa, una línea quebrada en todo momento, en zigzag, una línea subterránea”.

*Omar Ardila Murcia. Poeta, ensayista y analista cinematográfico. Ha publicado: Alas del viaje en un instante (2005), Palabras de cine (2006), Corazón de Otoño (2010), Espejos de niebla (2012), Antología de poesía anarquista –Tomos I y II (2013), Cartografías cinematográficas (2013), Esquizoanálisis y pensamiento libertario (2015), Devenires menores (2015) Luces sobre las piedras (2016), y Las cinco letras del DeseoAntología latinoamericana de poesía homoafectiva del siglo XX (2016). Es creador de los blogs: Cine Sentido y Pensar, crear, resistir.


METAPHYSICA


Y ya es bastante, para el poeta,
ser la mala conciencia de su tiempo.

Saint-John Perse

(Tomado del Discurso ante la Academia Sueca,
al recibir el Premio Nobel de Literatura - 1960)

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CARTAS DE LOS LECTORES

AMIGOS CONFABULADOS: Fue muy grato estar en la Feria del Libro y confirmar cómo se siguen consolidando como una de las más importantes editoriales independientes de Colombia. Felicitaciones! Ariel Buendía.

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QUERIDOS CONFABULADOS: Quedé muy complacido de visitar su stand en Corferias. Muy sobrio, muy digno de la poesía y de toda la literatura que publican.  Roberto Arias Jaimes

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QUERIDOS CONFABULADOS: Los felicito, sus publicaciones son una excelente prueba de amor por el arte.  Rafael Arévalo Castro

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QUERIDOS CONFABULADOS: Gracias por su fe en la poesía. El evento de la Feria me encantó. Y sobre todo la lectura de cada uno de los escritores. Ana Cristina Jáuregui



No. 453, Presentación de Los Conjurados

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PRESENTACIÓN DE LOS CONJURADOS





Común Presencia Editores en la Feria Internacional del Libro - Bogotá
Stand 133, Pabellón 3, Primer Piso

La Colección Los Conjurados ha publicado en sus diecisiete años de existencia 135 títulos en los géneros de poesía, cuento, novela, testimonio, ensayo, crónica y lúdicas y desde sus orígenes ha sido su propósito hermanar las artes plásticas con la literatura, y es así como nuestras publicaciones distribuidas en las capitales de cuatro países y en Amazon.com para todo el mundo, sean consideradas como pequeños objetos de arte.
En un tiempo que ha estandarizado la imaginación convirtiéndola en un producto domeñado, donde las ficciones obedecen a una estructura comercial insalvable, el espíritu de Los Conjurados y de nuestro periódico Con-Fabulación (que hoy llega semanalmente a 100 mil suscriptores) se eleva como una opción esencial para que el pensamiento y la diversidad que enriquece a la literatura encuentre su destino, es decir al lector, que a pesar de la narcosis planetaria aún conserva intactos los interrogantes de su existencia, pues recuerda la luminosa sentencia del Cacique Pielroja cuando advirtió en su famosa carta al presidente de los Estados Unidos: “Aquí termina la vida y comienza la supervivencia”.
Para esos lectores que nadan a contracorriente en sus ríos metafísicos, hoy bautizaremos nuestras novedades editoriales.

Presentación de las novedades editoriales.
Gran Salón de Ecopetrol (Múltiple 21, 22, 23 -Salón F)
Lunes 1º de mayo a las 11 am.

No me entierres en la nieve




Boris Julián Pinto. Médico cirujano, bioeticista, especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central, profesor e investigador en el campo de la bioética clínica y profesor invitado al programa de maestría en Creación Literaria de la Universidad Central. Autor de varios trabajos académicos publicados en libros y revistas nacionales e internacionales. Su cuento Fabulista (1991) obtuvo el tercer lugar en el «Concurso de Cuento de la Revista Rapsodia» de la Universidad Nacional de Colombia. El libro Selah, o el masquil de amores fue finalista en el «Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá», convocado por el Ministerio de Cultura (2005). Barcas de Libertad fue finalista en el «Concurso Internacional de Ensayo Caminos de la Libertad» (2011). No me entierres en la nieve fue finalista en el «II Premio Nacional de Cuento» convocado por la Fundación La Cueva (2012). No me entierres en la nieve y otros relatos es su primer libro de cuentos.

“Llegó precedida por el olor de las azucenas. Entró como una reina en su litera tapizada con pieles manchadas de tejones, flotando sobre los hombros de seis eunucos sudorosos. Los ha­bitantes del cementerio blanco fueron los primeros en saludar el séquito real de enanos sonrientes, funámbulos, volatineros, encantadores de flautas, buhoneros de largos sombreros, bebe­dores de serpientes y domadores de cuervos. Detrás, llegaron los vivos a recibir la visita inesperada de tan lejanas tierras que avanzaba en medio del polvo, los azotes de los cueros de las tamboras, la mirada enajenada de los niños descalzos y la corre­ría de sus madres, lavanderas, molineras, pilanderas que sabían descamar el pescado y componerlo en salmuera”…

(Libro ilustrado por Gloria Ávila Pinto)

* * *

Sacrificio



Julio López,  nació en Duitama-Boyacá  en 1985. Es licenciado en Filosofía, Magister en Estudios y Gestión para el Desarrollo y especialista en políticas públicas. Reside actualmente en la. Publicó su primer libro Wittgenstein: la estética y el problema de la expresión en el 2012.

“Una mujer en la iglesia deposita una moneda dentro de la bolsa de las limosnas tratando de descubrir un camino de liberación, obstaculizada por el momento, el tintineo de las monedas dentro de la bolsa de terciopelo contrajo un pensa­miento irreducible al práctico problema de la simple teodicea.
—En el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo, amén —Dice el sacerdote al persignarse y dar fin a la misa de noche”...

(Libro ilustrado por Francis Bacon)

* * *
Lúdicas



Argemiro Pulido Rodríguez.  Santa Cruz de Motavita –Boyacá 1953. A través de su trabajo como docente se ha dedicado a la promoción de la lectura y escritura con estudiantes y docentes. Es autor de: Lectura, escritura y autonomía, y del proyecto “Leer y escribir para comprender y transformar”. Premio Mejor PILEO de la SED Bogotá 2007. Su trabajo poético está condensado en los libros Desde Esta esquina, Poemas de Luz y sombra y Contraespejo. Actualmente se desempeña como docente de la SED Bogotá. Además, forma parte de la Academia Boyacense de la Lengua.

“Cada uno de los textos que conforman este libro, más allá de los refe­rentes que puedan contener, buscan ser un modo de acercamiento a la palabra que dejamos de lado, mientras pasamos raudos por las rutas circulares de la cotidianidad. A esa palabra, que de una parte nos constituye, y nos permite transformarnos y transformar nuestro mundo; y de otra, nos alienta y nos da los condimentos que necesitamos para vivir”...

NO DESEO QUE MI DESEO
sea tu deseo,
ni que tu deseo
sea mi deseo;
sólo deseo que tu deseo
y mi deseo
siempre se deseen.

EL HACEDOR
hace lo que hace
porque le nace,
sin condición;
el deshacedor
hace y deshace
lo que le place,
sin corazón.
¿DE QUIÉN ES LA ESTRELLA
que llama y destella?
—La estrella es de ella.
—¿Pero quién es ella?
—Ella es la doncella
que admira la estrella.

AL KÍNDER VA EL KOALA,
al kínder va;
vestido con kimono,
al kínder va.
Va con su tío koalote,
viajan en kart;
lleva kumis de kiwi
y kepis de kraft;
al kínder va el koala,
al kínder va.

(Libro ilustrado por Eduardo Esparza)

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Jardín de piedras




Rocío Cabanzo de Ponce de León. Psicóloga clínica, se formó como Analista de Pareja y Familia. Es miembro activo de la Asociación Internacional de Psicoanálisis de Pareja y Familia. Publicaciones suyas sobre Psicoanálisis Vincular han aparecido en el Libro Pensamiento en el campo vincular. AAPPG, Buenos Aires, 2004. Revista Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Buenos Aires 2010. En la Revista Vínculo, San Pablo, Brasil. 2015 y 2016.  Obtuvo Mención Honorífica en el Concurso Nacional Casa Poesía Silva 2010 y es autora de los libros de poesía: Umbral de lo indecible (Apidama 2008), Turbia Sangre: Bogotá, (Común Presencia 2014). Es coautora de Trabajos de Taller 2001 y Poesía Pintada, 2009 (Casa de Poesía Silva).

INVICTO

Se salvó del abismo
prendido a una flor…
Y de su noche,
lamiendo la luz en los rincones.

GIROS

Eres humo
en el aleteo de tus pies.

Como una madeja
te desatas en  giros…

Ellos  son los ojos
de tu danza.

HAIKÚS

La copa toca
la jarra de cristal
y la quiebra.

***
Las olas lamen,
sin borrarlas, a la garza
su reflejo y su sombra.

***

Cómo juegan
sobre las piedras blancas, 
la luz y las sombras.

(Libro ilustrado por Armando Villegas)

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La caída interior




Amparo Osorio Bogotá 1951. Poeta, narradora y ensayista. Ejerce la Presidencia de la Fundación Literaria Común Presencia desde1989. Cofundadora de la Colección Internacional de Literatura Los Conjurados y actual directora del periódico virtual Con-fabulación. Ha publicado los libros: Huracanes de sueños (1983); Gota ebria (1987); Territorio de máscaras (1990); La casa leída (Antología de autores universales, 1996); Migración de la ceniza (1998); Omar Rayo, geometría iluminada (Entrevista, coautora, 2001); Antología esencial (2001); Memoria absuelta (2004); Estación profética (Antología personal, 2010); Oscura música (Antología, 2013) y la novela Itinerarios de la sangre (2014).

TATUAJE

            A mi hija, razón de vivir mi vida

Acudiremos a cada anunciación.
Al dictamen de las brújulas.
Al temblor de la herida
que todavía enseña
desdichas y rostros despojados.
Acudiremos a todas estas muertes equívocas.
Nacer será después
en otras derrotas
en otros desencuentros.
CÁLICE
           
            Yo estoy en donde estuve:
                entre los muros indecisos
                del mismo patio de palabras
                                   Octavio Paz

Mi memoria
Contaminada de espinas y de árboles lejanos.
La casa que nunca fue
La redondez de la fruta más triste
Iluminada por el misterioso
Corazón de la luna.
Mi memoria galopante
Como una anunciación intraducible
Todavía despierta húmeda
En las neblinas de la albahaca.

INVERNAL

            A Chali

Oscurecía en los ojos de los árboles.
Yo aspiré entre su aroma
los llantos ocultos
de la última tempestad.
Y nada pude hacer contra ese invierno
que me azotaba el rostro.
No hay lucidez para el olvido.
Tampoco hay esperanza.

HERMÉTICA

            A veces le cantaba a sus ojos…
                A sus cabellos
                                   Ingmar Bergman

Dos cuerpos que se juntan para el amor
van tejiendo el olvido.
Dos cuerpos que se juntan en el olvido
se consuelan.
Todo es posible, apenas
entre dos que se aman
y el Séptimo Sello.



(Libro ilustrado por Jim Amaral)

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A 80 AÑOS DEL GENOCIDIO DE GUERNICA



Por Rodolfo Alonso *


            A metros de la Casa Rosada, junto a la estatua de Juan de Garay, Buenos Aires ostenta desde 1919 un retoño del más que secular Árbol de Guernica, emblema sagrado de las libertades vascas. Anterior incluso a la existencia de España como estado nación, a partir de Isabel y Fernando los reyes acostumbraban jurar bajo su sombra venerable respetar los fueros de Euzkadi.
            Acentuando su fuerte simbolismo, ese magnífico Roble sobrevivió, en medio de un hito legendario: la guerra civil española (1936-1939), a otro hecho de trágica resonancia. El 26 de abril de 1937 la vieja villa de Guernica fue literalmente reducida a polvo, junto con buena parte de su población, por los flamantes aviones nazis de la Legión Cóndor.
            Porque el 18 de julio de 1936, militares conducidos por Francisco Franco se sublevan contra la legítima República española. Controlados y muchas veces vencidos por el pueblo en armas, los milicianos recuperaron en Madrid su principal reducto, el Cuartel de la Montaña. Así comenzó la última guerra de hombres, y la primera contra el fascismo. Contra los fascismos, que reaccionaron de inmediato.
            Del principio al fin, Hitler y Mussolini cooperaron con la rebelión enviando sus mejores tropas y modernos adelantos bélicos, decisivos para la victoria franquista. Goering probó allí su naciente Luftwafe, y más de 700 pilotos alemanes cuidadosamente elegidos volaron para Franco. Ensayaron bombardeo de ciudades, blitzkrieg o guerra relámpago, terror sobre poblaciones civiles, ataques aéreos en picada y táctica de apoyo directo a las tropas de tierra. Sin olvidar los tristemente célebres tanques Panzer I.
Esas crueles experiencias fueron invalorables, al estallar casi de inmediato la segundo guerra mundial (1939-1945), para los primeros éxitos nazis en toda Europa. La misma Europa que abandonó a los republicanos españoles. Que sólo contaron con la ayuda sobre todo inicial de la URSS y el apoyo permanente del México de Lázaro Cárdenas, sin olvidar las heroicas e indomables Brigadas Internacionales.
            El 23 de abril de 1937, el jefe de la Legión Cóndor, Wolfram von Richthoffen, primo del famoso as de la aviación alemana en la primera guerra, anota en su diario: “¿Qué se puede hacer? La Legión Cóndor se retira. No se puede dirigir a una infantería incapaz de atacar posiciones débiles.” Y al día siguiente: “¿Conseguiremos destruir Bilbao?”.
            El 26 de abril, a las 14,30 la campana mayor de Guernica repicó alertando sobre un ataque aéreo. Era día de mercado. Se corrió a los sótanos. Un solitario bombardero Heinkel 111 de la Legión Cóndor arrojó su carga letal en el centro y desapareció. La gente dejó sus refugios para socorrer heridos. Quince minutos después, la escuadrilla completa de la élite aérea nazi sobrevuela Guernica. Cierto número de cazas italianos Fiat CR-32 y Fiat-Ansaldo participaron también. Hubo una estampida para huir al campo, pero cazas Heinkel 51 ametrallaron sin piedad hombres, mujeres, niños. Sin embargo, faltaba lo peor.
            A las 17,15 cuarenta bombarderos Junker 52 arrasan minuciosamente la ciudad, en pasadas de 20 minutos durante dos horas y media. Arrojaron desde bombas medianas o pequeñas hasta de 250 kg, antipersonal e incendiarias. Los testigos describen escenas apocalípticas. Familias enterradas por escombros de sus casas o aplastadas en refugios. Vacas y ovejas ardiendo por la termita y el fósforo blanco, enloquecidas hasta morir entre ruinas en llamas. Salvo la Casa de Juntas y el Roble milenario, no alcanzados por hallarse fuera del corredor aéreo que los pilotos alemanes siguieron disciplinadamente, Guernica era una pira de fuego, humo y terror.
            El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1645 muertos y 889 heridos) sufrió en carne propia el bombardeo. Al día siguiente, 27 de abril, la prensa británica anuncia la destrucción de Guernica, y el 28 tanto el “Times” como el “New York Times” publican el célebre artículo de George L. Steer. La indignación mundial es inmensa e inmediata. El 29 de abril el cuartel general de Franco emite un comunicado, donde intenta adjudicar la responsabilidad a “las hordas rojas al servicio del perverso criminal Aguirre”, presidente de Euzkadi.
            La mayoría de los vascos eran católicos y moderados o conservadores. Se unieron al Frente Popular en defensa de sus fueros seculares. A diferencia de la Iglesia española, que apoyó vivamente la “Cruzada”, fueron acompañados por sus sacerdotes. Yo mismo recuerdo una foto en la cárcel franquista, donde cien curas vascos rodean al dirigente socialista Julián Besteiro.
            Sólo tras morir Franco (1975), como exigió su autor, el cuadro más renombrado de Picasso, pintado frenéticamente entre mayo y junio de 1937, pudo exhibirse en España. Quizá no todos quienes acuden al Museo Reina Sofía saben, hoy, a qué alude su sobrio título: “Guenica”. Durante la ocupación de Francia, al preguntarle ante la misma obra un oficial nazi: “¿Usted hizo esto?”, Picasso contestó simplemente: “No, esto lo hicieron ustedes.”
            Como prueba, baste lo declarado por Goering en el juicio de Nuremberg (1945-1946) a criminales de guerra nazis: “Cuando estalló en España la guerra civil, Franco pidió auxilio a Alemania, y en especial apoyo aéreo. El Führer vacilaba, y yo le aconsejé con energía que bajo cualquier circunstancia otorgase ese apoyo: en primer lugar, para impedir la extensión del comunismo en esa zona, pero también para poner a prueba mis nacientes Fuerzas Aéreas en una serie de detalles técnicos. Con autorización del Führer envié gran parte de nuestra flota de transporte y numerosos cazas y bombarderos, así como cañones antiaéreos. Pude comprobar en condiciones de combate si el material era eficiente. Para que el personal adquiriese además experiencia práctica organicé una rotación continua mandando constantemente unidades nuevas y repatriando las anteriores.”
            Esa fría pero precisa enumeración, de por sí escalofriante, se hace estremecedora si la contraponemos con las imágenes concretas y a la vez inimaginables del horroroso genocidio sufrido por Guernica. Nadie lo rozó tan hondamente como un íntimo amigo de Picasso, el gran poeta francés Paul Éluard, en su indeleble poema “La victoria de Guernica”: “Os han hecho pagar el pan / El cielo la tierra el agua el sueño / Y la miseria / De vuestra vida ///  Las mujeres los niños tienen igual tesoro / En los ojos / Todos muestran su sangre // El miedo y el coraje de vivir y de morir / La muerte tan difícil y tan fácil // Parias la muerte la tierra y la fealdad / De nuestros enemigos tienen el color / Monótono de nuestra noche / Daremos cuenta de ellos.”


* Poeta, traductor y ensayista argentino