No. 475, Contenido explícito

¡100.000 lectores semanales!


FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Marco Antonio Garzón Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez,  Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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con el asunto “Retiro”


CONTENIDO EXPLÍCITO





Con-fabulación se complace en compartir con sus lectores los primeros cinco capítulos de Shotgun Zen, última publicación del escritor colombiano Juan Sebastián Gaviria,  libro inusual que reúne tres novelas cortas e independientes que tienen lugar en rincones hasta ahora ignorados de la inclasificable cultura estadounidense. A lo largo de estas páginas cargadas de violencia y humor, el lector será llevado, por el camino más insólito, a explorar el lugar que ocupa el hombre en el mundo moderno. 

Debido a los espacios de nuestro periódico, estos cinco capítulos se publicarán por entregas semanales, pero a lo largo de estas páginas y durante mucho tiempo más, encontraremos insólitos personales como: Un joven campesino que huye de la ley en compañía de su hermano autista luego de que éste, inesperadamente, asesine a sus padres con un hacha. Un matón del Hollywood de los años treinta que se ve arrastrado a participar en la absurda y violenta batalla que la Legión Católica de la Decencia libra contra los artistas en las calles de Los Ángeles. Un motociclista obsesionado con alcanzar la gloria en los peligrosos motódromos de principios del siglo veinte.


Shotgun zen
1.

Las llantas golpeaban contra los guardabarros, la carrocería desajustada se sacudía y las copas de las ruedas amenazaban con salir a volar tras cada bache en el camino despavimentado. En el interior polvoriento de aquel Chrysler azul celeste sonaban cientos de tornillos oxidados como pajaritos sedientos que trinaban desesperados por una gota de aceite. El cuero rajado de los asientos había sido remendado con trozos de gruesa cinta adhesiva metálica, cajetillas de cigarrillo vacías y envoltorios de comida chatarra yacían bajo los pedales, y la docena de latas de cerveza estrujadas que se amontonaban bajo el asiento del copiloto tintineaban, haciendo imperceptibles los chillidos lastimeros del perro que viajaba ovillado en el asiento trasero. Tiritaba de pavor y tenía el hocico envuelto en un alambre que había alcanzado a hundirse en su carne, y que enrojecía su pelaje blanco. El conductor, un hombre que vestía unos viejos jeans y una ajustada camiseta blanca manchada de café y sudor, observaba cada tanto al animal por el espejo retrovisor, constatando que no se hubiese liberado del precario bozal. Luego soltaba alguna maldición entre dientes y volvía a concentrarse en el camino. Debía conducir valiéndose solamente de su mano derecha. Llevaba el antebrazo izquierdo recogido sobre los muslos, envuelto en un vendaje amarillento y ensangrentado, frente al balón templado de su panza.
            —Firmaste tu puta sentencia de muerte, cabrón —le dijo el hombre al animal—. Tu puta sentencia de muerte.
Apareció un letrero de madera suspendido por dos postes en el borde del camino. Era la primera señal de vida que veía en los últimos cuarenta minutos de avance. Junto al letrero había un sendero arenoso que se hundía contra el horizonte en medio de arbustos espinosos y altos pastizales resecos. El hombre frenó bruscamente y permaneció unos minutos con los ojos puestos sobre el letrero. Con no poco esfuerzo leyó las palabras grabadas en la madera. Rancho Atwood. Venta de cerdos. Una milla. Bajó del auto y paseó la mirada en rededor. Silencio, altas briznas de hierba amarilleadas por el sol y pisoteadas por la brisa, algunos conos de polvo bailando a la distancia. Abrió el baúl y observó el interior con el ceño fruncido. Una caja de herramientas metálica, un costal, una soga gruesa, un tubo de acero galvanizado y dos contenedores vacíos de aceite de motor. Valiéndose sólo de su mano derecha, tomó la soga y la colgó sobre su hombro. Al cerrar el baúl vio al perro a través de la ventanilla trasera. El animal, aún embozalado, había estirado el cuello y miraba a través de los vidrios cubiertos de polvo, moviendo su hocico, contrayendo su naricita ensangrentada, intentando averiguar dónde estaba.
            El hombre respiró hondo y desenvolvió la venda mugrienta que le cubría el antebrazo izquierdo. Ahí estaba. Las profundas heridas parecían una rúbrica exótica grabada en carne. Al menos la hemorragia se había detenido, y la sangre en cada una de las profundas heridas comenzaba a secarse. Abrió y cerró la mano, constatando que podía mover sin dificultad los dedos. Para formar un nudo corredizo con la soga se vio obligado a emplear la mano izquierda. Cada vez que apretaba los dedos, un dolor fulminante nacía de su antebrazo y trepaba hasta su hombro. 
            Tiró del extremo de la soga, arrastrando al perro hasta uno de los postes del letrero. Después de asegurarlo con un nudo doble, dio dos pasos atrás y miró al animal. De modo que así terminaba. Todo el trabajo duro había sido delegado a los azares del desierto del sur.
            El perro vio que el auto avanzaba por el camino, hundiéndose en la cortina de polvo que las ruedas levantaban, hasta que los traqueteos y quejidos de la máquina destartalada fueron reemplazados por los cantos intermitentes de los grillos y el crepitar constante de la planicie. A medida que aquel Chrysler celeste se alejaba, el mundo se iba convirtiendo en un lugar más grande y solitario. Sentado, con las musculosas patas delanteras enmarcando su amplio pecho, el animal permaneció expectante, olfateando el aire, oteando a la distancia. Finalmente se echó e intentó quitarse con las patas delanteras el alambre que le mantenía el hocico sellado. No lo consiguió. Entre más luchaba, más se encarnaba el alambre en su piel. El sol se descolgó por el occidente, tiñendo de malva y rosa las escasas nubes suspendidas sobre la línea del horizonte. La oscuridad se instauró. El perro se ovilló contra el poste al que estaba atado y cerró los ojos.
            Hacia la medianoche lo despertó el hedor de un zorrillo. Se incorporó y comenzó a gruñirle a la oscuridad. Un relámpago mudo iluminó la noche, permitiéndole ver la cola peluda y los ojillos brillantes del animal. Luego vino otro fogonazo de luz blanca. En el intervalo, el zorrillo se había movido unos cuantos metros hacia la derecha. El perro intentó ladrar pero el bozal hizo que sus ladridos sonaran como una tos agónica. Un tercer relámpago relumbró, pero el perro no pudo detectar más que el círculo de miasma pútrido que el zorrillo había tejido en torno suyo antes de desaparecer. Cuando el hedor se disipó del todo, el perro se echó de nuevo, apoyando la cabeza sobre sus patas delanteras. Finalmente se durmió, arrullado con sus propios gruñidos.
            Pasó toda la mañana acostado, recibiendo de lleno la luz del sol. La noche había sido tan fría, que ahora el inclemente sol parecía brillar con benevolencia. Eso cambió hacia el mediodía, cuando el perro tuvo que cobijarse bajo la sombra insuficiente del poste, dando pequeños pasos y trazando apretados círculos para evitar que el suelo calcinante le cocinara las patas.
            Los coyotes no venían de cacería sino que avanzaban patrullando su territorio, antecedidos por pájaros que evacuaban sus nidos y liebres salvajes que sacudían los arbustos bajo los cuales se escabullían. El perro intentó huir, pero la soga se templó bruscamente, por poco partiéndole el pescuezo. Se echó otra vez contra el poste, agazapado, las patas traseras temblándole, y esperó. Eran tres coyotes. El más grande marcaba el rumbo y los otros dos avanzaban tras él en formación de triángulo, cubriéndole los flancos. Desde el otro lado del camino polvoriento, el líder levantó la cabeza sobre los pastizales y clavó sus ojos inexpresivos en los del perro. Ambos, perro y coyote, miraron en torno suyo y volvieron a encararse. Gruñidos igual de imponentes brotaron de ambos lados del camino. El triángulo de coyotes avanzó hacia el perro, que se incorporó y bajó la cabeza, erizando el lomo y asomando los colmillos delanteros entre los círculos de alambre que lo amordazaban. Los coyotes se separaron caminando despacio, rozando el suelo de polvo con el hocico, silenciosos, sabios. De pronto, uno de ellos se escurrió alrededor del perro y descargó una dentellada contra una de sus patas traseras. Se escuchó un lamento dolorido. Y luego sonó un disparo.
            El coyote se desplomó, herido de muerte, y los otros dos huyeron despavoridos, sabiendo muy bien que la detonación representaba la presencia de cazadores. El perro se giró y enfrentó con igual fiereza la nueva amenaza, gruñéndoles a las dos siluetas humanas que se acercaban.
            —Qué cabrón —dijo Zane Atwood—. Sólo míralo, hijo. Le acabamos de salvar el pellejo y el muy hijo de puta quiere devorarnos.
            —¿Podemos ayudarlo? —preguntó Carter levantando la mirada hacia su padre.
            —No sé —Zane evaluó al perro, preguntándose cómo había acabado atado a aquel poste, y cuál sería su reacción si intentaban liberarlo.
            —Es un perro hermoso.
            Y tal vez lo era. Estaba en unas circunstancias del demonio, pero podía ser un buen animal. Parecía una mezcla. Era blanco, de ojos negros. De la raza pointer tenía el cuerpo grácil y liviano, además de los motes oscuros que le salpicaban la parte posterior del lomo y las patas traseras. Por el otro lado, la amplitud de mandíbulas y la anchura de pecho hacían pensar en un pitbull terrier. Zane Atwood y su hijo Carter permanecieron varios minutos ante el perro, que pronto se hizo a la idea de su presencia y dejó de gruñir.
            —Esto es lo que vamos a hacer, hijo —propuso Zane descansando la escopeta abierta sobre su hombro—. Lo liberamos y cuidamos sus heridas. Cuando esté bien lo llevamos de cacería. Si muestra madera de cazador, nos lo quedamos. De lo contrario...
            —Llamémoslo Tank... Tank es un buen nombre para este perro.
            Zane se aproximó al animal. Con cada paso que daba, los tiros calibre doce resonaban en el interior de la cartuchera de cuero que colgaba de su cinto. El animal acabó por bajar la mirada ante la presencia del hombre, que rezumaba confianza en sí mismo. Zane vestía como tantos cazadores del sur de Texas, con una gorra sobre la cabeza, camisa beige empapada de sudor, jeans y las ineludibles botas tejanas. Detrás suyo, el pequeño Carter aguardaba. Por el borde del bolso de piel de nutria que llevaba terciado al hombro asomaban las plumas coloridas de algunas codornices arlequín, las más comunes en aquella región del condado de Tom Green. 
            —¿Oíste lo que acabo de decir? —Zane estaba acuclillado ante el perro y empuñaba en su mano derecha un cuchillo mientras con la izquierda templaba la soga que mantenía al animal atado al poste—. Tenemos que estar de acuerdo en eso si quieres que lo libere... Si es un buen perro de muestra, nos lo quedamos. Si no, salimos de él. ¿Entendido?
            —Pero... ¿Cómo salimos de él? 
            —Así —dijo Zane señalando al coyote que yacía en el borde del camino con un hoyo en el cuello y seis perdigones doble-cero en su interior.
            —De acuerdo —afirmó el pequeño tragando saliva.

POESÍA DE LA INDIA- CASA DE POESÍA SILVA





SOBRE MIEDOS Y DESHUMANIZACIONES



CARLOS FAJARDO FAJARDO*

El destierro del concepto de dignidad en el capitalismo depredador actual, junto a la desaparición casi abrupta de una concepción humanista, han legitimado la corrupción política y la atroz anti-ética empresarial mercantil; un cinismo galopante y creciente, la perversa ideología de la mentira como dispositivo de manipulación social y la desinformación masiva en los medios de comunicación. Como resultado tenemos la liquidación del sentido humanístico y la imposición de valores ecónomos, datos bursátiles y estadísticos. En medio de todas estas estrategias, el neoliberalismo globalitario genera nuevos miedos que coaptan las libertades individuales, paralizan las autonomías personales, en tanto que, como una trampa más, impiden arriesgarse a ser libres de terrores infundados. Miedo a perder el empleo, a la pobreza, al terrorismo, a las invasiones de inmigrantes,  al multiculturalismo global que genera pérdidas de identidad… En fin, son miedos que desaparecen el sentido de solidaridad, de respeto, alteridad, dignidad y de congregación con el semejante. A cambio, los miedos imponen individualismos, egoísmos, competitividad, mentalidades de salvación personal y una agorafobia creciente y antisocial.

La puesta en marcha de ciertos sentimientos emotivos, sensacionalistas, resucitan las viejas tácticas y técnicas de los fascismos del siglo XX. El destierro de la dignidad humanizante y solidaria es evidente cuando se ubica en los escenarios mundiales al miedo como entidad óntica, suprema, cuyos propósitos son beneficiar a unos pocos, desterrando del bienestar a la mayoría, víctima de paranoias infundadas.
En Europa y Estados Unidos, por ejemplo, se han expandido los miedos a la amenaza de “invasiones bárbaras” provenientes de países del tercer y cuarto mundo, lo que genera cada día más exclusión al extranjero, más rechazo al diferente y una potencialización peligrosa de los nacionalismos neofascistas. El destierro humanista se hace patético. Los inmigrantes son los nuevos enemigos y una oportunidad para que las ultraderechas se fortalezcan y legitimen su ascenso al poder. La xenofobia asume puesto de honor en estas cartografías geo-políticas. El racismo se establece como un arma para rechazar la amenaza de invasión de lo extranjero y diferente. Europa y Estados Unidos explotan estos miedos, los exageran y amplían a todas las clases medias, que como tal se sienten amenazadas y ven su protección en los discursos populistas discriminatorios.
Ante el miedo a los inmigrantes extranjeros y desplazados internos–diríamos desterrados-; frente a la barahúnda de gente “rara” copando los espacios cotidianos -antes aparentemente “tranquilos” y “apacibles”-, se eleva una voz de protesta y de indiferencia antisocial que ignora las circunstancias políticas y las tragedias humanitarias que han llevado a tal situación. La opinión mediática se ha encargado de dicha des-educación sobre los verdaderos causantes de estos destierros masivos; ocultan que el neoliberalismo y el neocolonialismo, con su atroz maquinaria devastadora, fabricante de guerras y de pobreza, son los culpables de tanta degradación humana. Los nacionalismos antirracistas, entonces, son caldo de cultivo para unas derechas chovinistas, que han construido como enemigos a los recién llegados, a los despojados, a los sin Estado, sin patria, sin lugar ni techo. Son la plaga que trae la “peste” contemporánea, los “malditos”, portadores de malos tiempos; por tanto, no serán nunca bienvenidos.
Se trata de estigmatizar al otro por diferente, volverlo extraño, anormal, víctima; hundir su palabra y su discurso en el silencio, callarlo a través del ninguneo y la invisibilidad, no aceptarlo, no escucharlo, no admitirlo, odiarlo; señalarlo como culpable social, como indeseado; llevarlo al exilio, a su desaparición y partida definitiva.
Vivimos con estos miedos tanto en el llamado primer mundo como en el ahora denominado “sur-global”. Miedo existencial como hecho cultural. Es la consecuencia de la creación, por parte de los acaudalados del mundo, de supuestos causantes de todas nuestras desgracias -llámese terrorismo real y ficticio, Irán, Siria, chavismo venezolano y gobiernos progresistas-, montajes que los neofascismos y las derechas latinoamericanas y mundiales construyen para justificar la mayor agresión política, económica y mediática que se haya visto en las últimas décadas. Es una vuelta a crear demonios y monstruos, como lo fueron en la guerra fría la URSS, China, Cuba y los países socialistas; un retorno a instaurar el miedo, metódica y sistemáticamente, so pretexto de fortalecer la seguridad nacional y defender la democracia. Entonces, paralizando a los ciudadanos con infundados terrores, enjuiciando y desechando a los problemáticos, el neoliberalismo prepara y ajusta sus armas, tiene su camino de rentabilidades financieras y de privatizaciones asegurado.
El miedo marcha por oficinas y corredores, inunda las salas de reuniones burocráticas, viaja y calla la boca de los lúcidos, paraliza las voces de los que sólo viven para satisfacer a sus “jefes”. Cuánta tranquilidad trae para los déspotas; cómo garantiza la continuidad en su puesto al neo-esclavo. Es un miedo grávido, pesado, que teme a la levedad, a la risa, a la ironía, al desenmascaramiento. Es el miedo a la profanación del templo. El estatismo es su sino, pero para aquel que lo desafía, el destierro será su condición.
“El capitalismo es amoral y no entiende el concepto de dignidad humana”, ha escrito Boaventura de Sousa Santos; es una máquina trituradora de seres, que impone “una cultura del miedo, del sufrimiento y de la muerte para las grandes mayorías”. Sin embargo, “es posible luchar contra la supuesta fatalidad del  miedo”.1 Esa lucha debe ser conducida, según de Sousa Santos, por tres palabras guías: democratizar, desmercantilizar, descolonizar. Tres palabras claves como propuestas sociales para hacerle resistencia y re-existir a las lógicas del capital financiero, a su desarrollismo lucrativo mordaz, el cual destierra las ideas de justicia, democracia participativa y equidad  social2.
Sumergidos en la sociedad de la acumulación y concentración de capitales; padeciendo las involuciones respecto a las conquistas laborales logradas en el siglo XX por las luchas sociales y sindicales; atrapados en los miedos que la “sociedad del rendimiento” (Zygmunt Bauman) genera debido a sus exigencias de sobrehumana eficacia, nos hemos vuelto seres depresivos y fracasados, autoexplotados, autoextenuados por tratar de dar la talla que exige el neoliberalismo; hombres y mujeres con un profundo sentimiento de culpabilidad por su fracaso y, al decir de Bauman, con una “insuficiencia vergonzante que los despoja de cualquier vestigio de autoestima, a lo que contribuyen su infortunio y su humillación”3. Con tales presiones y miedos a la no seguridad personal, a la desprotección por parte del Estado; cargando todo el peso como si fuéramos culpables de nuestra “mala suerte” y con el temor a que se nos considere insuficientes, ineptos, ineficaces y nada emprendedores, vivimos controlados como nuevos súbditos en la sociedad de los “rendidores”.

* Poeta, ensayista. Docente Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá.
1 De Sousa Santos, Boaventura (2017). Trece cartas a las izquierdas. Bogotá: Ediciones desde abajo. p.51.
2 En palabras de Boaventura de Sousa, “Democratizar la propia democracia, ya que la actual se dejó secuestrar por poderes antidemocráticos (…). Desmercantilizar significa mostrar que usamos, producimos e intercambiamos mercancías, pero que no somos mercancías ni aceptamos relacionarnos con los otros y con la naturaleza como si fuesen una mercancía más. Somos ciudadanos antes de ser emprendedores o consumidores (…). Descolonizar significa erradicar de las relaciones sociales la autorización para dominar a los otros bajo el pretexto de que son inferiores: porque son mujeres, porque tienen un color de piel diferente o porque pertenecen a una religión extraña” (ibíd.  Págs. 51,52).
3 Bauman, Zigmunt. Extraños llamando a la puerta (2016). Bogotá: Paidós. Pág. 56.

INSTITUTO CULTURAL LEÓN TOLSTOI




METAPHYSICA


Nos sentamos juntos la montaña y yo
 hasta que sólo queda la montaña.

Li Po

CARTAS DE LOS LECTORES

QUERIDOS CONFABULADOS: Lúcidas palabras de Gabriel Arturo Castro, gracias y felicitaciones. 
Gabriel Restrepo

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QUERIDOS CONFABULADOS: Es de agradecer, con el más profundo de los agradecimientos, la labor de la poeta antioqueña Myriam Montoya y su loable esfuerzo en publicar una antología bilingüe de nuestros poetas colombianos. Gracias a ustedes también por registrar este importante acontecimiento.  Marion Monsalve
***
AMIGOS DE CONFABULACION: Excluyente y desde todo punto de vista irreprochable, la postura del Ministerio de Cultura de marginar a las escritoras colombianas de un evento tan importante como el año Colombia-Francia. Pienso sin embargo que quienes armaron el primer escándalo, lo hicieron -no por la mujer-, sino porque no fueron ellas las incluidas ya que están acostumbradas a estar en todas partes. Valga la pena que el Ministerio, Idartes y todas las entidades que manejan los hilos culturales en el país, tengan en cuenta otras y muy valiosas voces femeninas de nuestro acontecer cultural. Adela Villa
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CONFABULADOS Por intermedio de ustedes, mi saludo especial al poeta Federico Díaz Granados y mi alegría por su nuevo libro. Francisco Medina López

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No. 474, Antología de poesía colombiana siglo XXI

¡100.000 lectores semanales!

Descripción: ConfabulaCabezoteActual

FUNDADORES: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio. DIRECTORA: Amparo Osorio. COMITÉ EDITORIAL: Iván Beltrán Castillo, Fabio Jurado Valencia, Marco Antonio Garzón, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio, Fabio Martínez, Javier Osuna, Sergio Gama, Mauricio Díaz. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica). Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Luis Rafael Gálvez, Martha Cecilia Rivera (Estados Unidos); Jorge Torres, Jorge Nájar, Efer Arocha (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Renato Sandoval (Perú); Luis Bravo (Uruguay); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela);
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ANTOLOGÍA DE POESÍA COLOMBIANA SIGLO XXI

Gracias a la Poeta Myriam Montoya por su generosidad y empeño en difundir la poesía colombiana en Francia. Nuestro reconocimiento también al desinteresado aporte de todos los traductores que hicieron posible esta edición bilingüe.

Descripción: loreiile-du-loup-editions

Albeiro Montoya Guiral, Santa Rosa de Cabal 1986/ Alejandra Lerma, Cali 1991/ Ana María Bustamante, Medellín 1991/ Anna Francisca Rodas Iglesias, Puerto Mosquito 1968/ Andrea Cote, Barrancabermeja 1981/ Ángela García, Medellín 1957/ Amparo Osorio, Bogotá 1951/ Annabell Manjarrés, Santa Marta 1985/ Bibiana Bernal, Calarcá 1985/ Camilo Restrepo, Medellín 1987/ Carolina Bustos, Bogotá 1979/ Carlos Andrés Jaramillo, Medellín 1986/ Carlos Castillo, Miraflorez 1966/ Carlos Fajardo Fajardo, Cali 1957/ Carlos Vásquez, Medellín 1953/ Daniel José Acevedo, Medellín 1986/ Daniela Prado, Cali 1994/ Eduardo García Aguilar, Manizales 1953/ Elvira Alejandra Quintero, Cali 1960/ Eugenia Sánchez Nieto, Bogotá 1953/ Fadir Delgado, Barranquilla 1980/ Fátima Vélez, Manizales 1985/ Federico Díaz Granados, Bogotá 1974/ Felipe López, Manizales 1985/ Felipe Garzón, Bello 1963/ Fernando Linero, Santa Marta 1957/ Francisco Montaña, Bogotá 1967/ Freddy Jezzed, Bogotá 1979/ Giovanny Gómez, Bogotá 1978/ Gonzalo Márquez, Bogotá 1963/ Guiomar Cuesta, Medellín 1950/ Gustavo Adolfo Garcés, Medellín 1957/ Gloria Posada, Medellín 1967/ Hanna Escobar, Medellín, Titiribí 1985/ Iván Beltrán Castillo, Bogotá 1963/ Jairo Guzmán, Medellín 1963/ Jorge Eliécer Ordoñez, Cali 195/ Jorge Torres, Chiquinquirá 1956/ Julián Malatesta, Cali 1955/ León Gil, Venecia 1954/ Lucía Estrada, Medellín 1980/ Luis Eduardo Rendón Escobar, Medellín 1972/ Luis Eduardo Jaramillo, Bello 1963/ Luis Fernando Macías, Medellín 1957/ Margarita Losada Vargas, Neiva 1983/ María Cecilia Sánchez, Bogotá 1964/ María Clemencia Sánchez, Itagüí 1970/ Marisol Bohorquez, Santa María Huila 1982/ Mery Yolanda Sánchez, Guamo Tolima 1956/ Myriam Montoya, Bello 1963/ Nana Rodríguez, Tunja 1956/ Omar Castillo, Medellín 1958/ Omar Ortiz, Bogotá 1950/ Orietta Lozano, Cali 1956/ Pablo Montoya, Barrancabermeja 1963/ Piedad Bonnett, Amalfi 1953/ Renata Durán, Bogotá 1950/ Rómulo Bustos, Santa Catalina de Alejandría 1954/ Ronald Cano, Medellín 1983/ Vito Apushana, Kaaraipia Maicao 198/ Víctor Raúl Jaramillo, Sonsón 1966/ Víctor López Rache, Toca 1958/ Tania Ganitsky, Bogotá 1986/ Yirama Castaño, El Socorro 1964

CARTA ABIERTA A LOS POETAS, ESCRITORES Y A LA OPINIÓN COLOMBIANA
Por Myriam Montoya
En vista de las informaciones publicadas por Mincultura en los periódicos El Tiempo y El Espectador, en tanto que directora Editorial L’Oreille du Loup, me veo en la obligación de hacer claridad sobre las dos publicaciones que hemos realizado en el marco del Año Cruzado Colombia-Francia 2017 y en nuestra participación en estas celebraciones. Además, en tanto que escritora que vive fuera del país, quiero compartir con ustedes la visión que lamentablemente Colombia se ha forjado en ciertos medios intelectuales y culturales de Francia desde hace muchísimo tiempo.
        Por medio de esta carta abierta me uno a las protestas de todas las poetas y escritoras colombianas que se sienten excluidas y marginadas del evento en París y de la programación que clausura el año de intercambio y cooperación entre Colombia y Francia 2017.
        ¿Cómo podemos aceptar y permitir que en pleno siglo XXI, después de todas las luchas y las conquistas que han obtenido las mujeres en el mundo, en Colombia nuestros representantes oficiales de las políticas y organizaciones culturales, sean los primeros en perpetuar esta práctica de exclusión, que es una prueba fehaciente del atraso de la mentalidad, y una muestra de la poca evolución espiritual y social en el que se encuentra sumido nuestro país?
        En 2016, el Instituto Francés abrió una convocatoria para presentar proyectos que tuvieran cabida en el marco del año cruzado Colombia-Francia 2017. Como directora de L’Oreille du Loup presenté a través de Internet el dossier de la Antología de poesía colombiana del siglo XXI, ante una comisión mixta (franceses y colombianos) de selección, el cual fue aceptado, eso sí, bajo la condición de que no recibiría ningún financiamiento y que la única ventaja sería la “labellisation del proyecto”, es decir, que la publicación tendría el derecho a utilizar los logos oficiales de dicha celebración. Muy contrariamente a lo que asegura Mincultura en el artículo de El Tiempo: “Reedición, Antología de poesía con L’Oreille du Loup, financiada por el año cruzado: Albeiro Montoya Guiral, etc… ” Aclaro: La Antología de poesía colombiana siglo XXI, donde incluyo 30 poetas mujeres, ha sido financiada 100% por los recursos de la Editorial L’Oreille du Loup y por el generoso equipo de Traductores que ha realizado este trabajo ad-honorem.
       Meses después fui contactada por Roberto Salazar Morales, responsable de las publicaciones literarias, quien ha sido el interlocutor de esta comisión mixta y con quien he tenido intercambios muy cordiales y respetuosos pero intermitentes. A través de él pude justificar los cuestionamientos que hizo la comisión mixta a los criterios de mi selección: Poetas nacidos entre 1949 y 1990, y participación igualitaria de los poetas hombres y mujeres. Dentro mis objetivos estaba además el darle continuidad a la preciosa Antología de poesía colombiana del siglo XX compilada hace veintisiete años por Fernando Charry Lara, traducida por Marilyne-Armande Renard y publicada en Suiza por la Editorial Patiño. Es así como surgió la idea de realizar la reedición de esta antología de Fernando Charry Lara. El 4 de mayo de 2017 recibí una carta oficial de la Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, Consuelo Gaitán Gaitán, en la que me decía que con el espíritu de complementar el trabajo que viene desarrollando L’Oreille du Loup, la Biblioteca Nacional de Colombia había propuesto a la comisión mixta reeditar la Antología de poesía siglo XX de Charry Lara, que compendia los autores nacidos entre 1865 – 1958. La publicación de esta otra antología sí fue subsidiada en su totalidad por PROCOLOMBIA. Aunque era un desafío mayor por el poco tiempo con que se contaba, acepté realizar todos los trámites para esta reedición, lograr publicar bajo el mismo sello estas dos antologías de poesía colombiana, significaba para mí cerrar con broche de oro estas jornadas de intercambio y de cooperación entre estos dos países que están en mi ADN biológico e intelectual.
        A pesar de múltiples solicitudes hechas a diversos para que las dos antologías fueran presentadas durante el mes de noviembre durante la programación oficial, esta petición ha sido sistemáticamente evadida, mis mails no obtienen respuestas, hoy domingo 12 de noviembre en que escribo esta carta, después del reciclaje que Mincultura ha hecho en el artículo publicado en El Tiempo, con la lista de mujeres publicadas en mi antología y las tergiversaciones que se han hecho con estas dos antologías, aún no se han dignado ni a establecer una fecha, ni un escenario para celebrar la aparición de dichos libros.
        Debo decir igualmente que me siento utilizada por la manera ambigua en que se dice que fui invitada, jamás recibí una invitación oficial, jamás mi nombre figuró en ningún programa oficial del año cruzado Colombia-Francia. Y aunque sí estoy invitada por las ciudades de Laval, Lyon, Nantes y Biarritz, ninguna de estas intervenciones son nombradas en la programación oficial del año cruzado. Por fortuna algunas asociaciones independientes que me permito nombrar: “Lecture en Tête” y el “Festival du premier roman” cuya directora es Brigitte Maligorne, en la ciudad de Laval, durante todo este año ha realizado una actividad donde Colombia ha ocupado el puesto de honor, pese a que esta programación tampoco figura en el programa oficial. Estaremos así mismo en La Casa de poesía de Nantes y en su Festival Midi/Minuit, dirigidos por Magali Brazil, donde presentaré a título personal las dos antologías el 24 de noviembre y donde estarán presentes los poetas Camila Charry y Ronald Cano. Las antologías así que en la Mediateca de la ciudad de Ivry el día 21 de noviembre donde igualmente estarán presentes Camila Charry y Ronald Cano y para terminar el Festival Bellas Latinas en la ciudad de Lyon, codirigido por Januario Espinosa y Olga Barry, nos recibirá y presentará las antologías en la Universidad de Lyon, y en otras dos instituciones.
        Aunque la práctica de la exclusión de las mujeres parecía haberse vuelto una constante sin apelación, celebro y aplaudo el pronunciamiento hecho por las mujeres en Colombia, este es un precedente que espero forzará las mentes a despertar de su letargo medieval y retrogrado y a ser consecuentes y respetuosos con las conquistas libertarias e irreversibles de la modernidad, una de ellas, la de conceder a la mujer su espacio y su lugar en tanto que ser creador.
        Para terminar contaré esta experiencia que por sí sola muestra la imagen que muchos intelectuales y gestores culturales tienen de Colombia aquí en Francia: En noviembre de 2010 se celebró en París el Festival Les Belles Étrangers, dedicado a la literatura colombiana. Jacques Fournier, director de la Casa de poesía Saint-Quintín-en-Yvelines y de la revista “Ici la Poésie” en su número 13, que me fue dedicada, en una entrevista, publicada en dicho número, pedía escandalizado mi opinión:
Jacques Fournier:
        -“El 17 de noviembre, tú serás invitada a la Casa de Poesía Saint-Quintín-en-Yvelines, en el contexto de Festival Le Belles Étrangers 2010, consagradas a la literatura colombiana, pero tú no haces parte oficialmente de los invitados (¡que por demás sólo son hombres!) Puesto que tú vives en Francia. El objetivo no es en entrar en polémicas que puedan inducir esta doble anomalía: Tu ausencia de la lista, comprensible según la línea escogida por el Centro Nacional del Libro, organizador de la manifestación; y la ausencia más difícilmente defendible de las escritoras) ¿Qué sientes tú frente a este acontecimiento, y de estar asociada a estos autores por algunos bastante reconocidos en su país que es también el tuyo?”
Myriam Montoya:
        -“En primer lugar estoy muy feliz de volver a esta Casa de la Poesía, que siempre me ha acogido tan generosamente. Concerniente al Festival Le Belles Étrangers, estoy muy contenta que este honor sea dedicado a la literatura colombiana. No me molesta en lo absoluto, no estar en la lista oficial, todos los escritores elegidos ameritan ser invitados, ellos han construido una obra, muchos han conocido el éxito y es una suerte poder encontrarlos y escucharlos en París. Los organizadores tienen sus criterios de selección y están obligados a hacer su escogencia. Eso sí, tenemos el derecho de criticarlos y de deplorar las ausencias. Podemos lamentar la ausencia de escritores del nivel de Julio Olaciregui y de Eduardo García Aguilar, so pretexto de que ellos viven en París. Y como tú lo destacas: la ausencia de las mujeres tiene como un perfume de escándalo, uno puede dudar de que esto sea un azar. En todo caso esto opaca la imagen de este Festival. Mujeres que por su obra ameritan ser invitadas tenemos por ejemplo: a Consuelo Triviño Anzola, Laura Restrepo, Angela Becerra y muchísimas otras… En lo que a mí me concierne, yo abro lentamente mi camino, que es más una búsqueda existencial y estética que tiene aún muchos desafíos y trabajo. En todo caso leer en compañía de Juan Manuel Roca, es un regalo que me cae del cielo y lo haré con muchísimo placer.”
        A manera de conclusión:
        A través de estos intercambios el año Colombia-Francia, 2017 empieza a dar sus frutos fecundos: el primero, el cuestionamiento a las instituciones en sus políticas culturales para forjar una Colombia más justa e incluyente de todos sus conciudadanos, en el caso que nos ocupa con las mujeres y con los poetas.

14 de noviembre de 2017

LA MANIFESTACIÓN ESPIRITUAL DE LA EPIFANÍA


Descripción: Gabriel Arturo Castro
Por: Gabriel Arturo Castro

Epifanía, llegar a la frontera donde se suspende el tiempo y se materializa la emoción en un espacio sin límite de nuestra propia memoria. Da cuenta de una manifestación en un sentido solidario al origen de la palabra entusiasmo. Este es el lugar privilegiado y extraño donde el poeta busca la exaltación subjetiva del tú, de los otros que leemos en la enunciación del poema, para objetivarla como experiencia de su yo; regresa nuestro presente al suyo (evocando el pasado, leyendo el futuro y haciéndolo memoria) y trayéndonos su presente al nuestro, anticipándose a su futuro para olvidarse de su presente. El tiempo se suspende pero igual sale en estampida, inaugurando un vacío entre esos dos movimientos. La epifanía  liquida la temporalidad del tiempo y advierte aquellos vacíos del espacio, gracias a la participación de la experiencia del poema, su instante territorial. El tiempo allí se detiene sin dejar de transcurrir y lo sentimos como algo perdurable y fugaz en un mismo acorde, inmortal y efímero a la vez, imperecedero y breve al unísono, un punto de intersección, cruce y encuentro misterioso y mítico, de lo intemporal con el tiempo lineal y del vacío con el espacio, punto de partida y de llegada.
James Joyce denominaba epifanía a los fragmentos e impresiones rápidas que se presentan ante el hombre y que éste debe fijar con ayuda del lenguaje en todo su carácter apasionante y convertirlas en perceptibles para los demás. En la poesía lo normal y lo cotidiano se torna un enigma por medio del descubrimiento, la evocación, la ruptura con el tiempo habitual y la reflexión. De tal manera surge lo nuevo, lo distinto, lo inédito como la instauración de otro punto de vista frente a la realidad.
El poeta se detiene frente al umbral, a la puerta del tiempo, mira el pasado, hace manifiesta la memoria y antes de dar el paso a la renovación, instala por un momento su presente, su conciencia de sí y del lenguaje que exalta en lo desconocido, ambiguo y transitorio.
El presente del “yo suspiro” es perpetuo, dice Sucre, “pero no con la continuidad uniforme de la eternidad. Su perpetuidad admite lo discontinuo y distinto; fijeza en las mudanzas. El presente se ramifica y admite la dispersión”.  Sólo mediante la epifanía existe aquél presente sensible, el génesis particular, reinterpretado y creado por la conciencia del tiempo, la cual es singular y circunstancial, es decir, personal, pues se trata de la agudeza de la visión del poeta, gracias al carácter ocasional e irrepetible de la aparición súbita, de la iluminación o fogonazo. Manuel Ballestero da un ejemplo de un acontecimiento epifánico:

Quien va a morir, dicen, vislumbra en un relámpago lo que ha sido. Años y días, desvanecido el encadenamiento temporal, al parecer se precipitan como en un haz luminoso, se superponen y confunden estáticos y llanos en un momento efímero. En esa claridad última, irradiante y espléndida, y como suspendidos de un fulgor instantáneo, surgen los rostros, sombras, vertiginosos paisajes, atmósferas de cuartos, amaneceres y hasta lejanos sueños.

Tal chispazo (el relámpago que ilumina, divide y oscurece tras la aparición de la muerte) es inmediato, directo y nítido. Se da en el aquí y en el ahora, en la actualidad de la experiencia intensa y presente o intemporal que dará luego vida a la memoria de un pasado o al presagio del futuro. La epifanía es la manifestación de ese momento individual del encuentro con la muerte, una experiencia iluminada, profundamente personal en su sublimación, entrega y  percepción subjetiva, sutil, de entereza y firmeza espiritual, donde el yo se libera dramáticamente y se relaciona con la meditación, la reflexión y  el rasgo visionario.
Entonces la epifanía  es la voz en acción que detiene el tiempo, lo congela para que el poema permanezca. Se trata de un corte significativo que le practica al tiempo continuo, el instante poético que irrumpe en una realidad sublimada, resignificada y reinterpretada. La epifanía es por lo tanto esa bendición o santificación del instante y a su vez es la consagración de la suma brevedad, síntesis depurada, cristalización, condensación rotunda, la fugacidad del acontecimiento que se opone a la paz inmóvil. Aquí los tiempos (lo eterno y lo súbito, lo perpetuo y lo inmediato, lo lento y lo repentino) entran en un conflicto momentáneo, una tensión o lucha que la mirada descubre y fija en ese instante del tiempo llamado epifanía, hecho posible cuando una cosa exterior y objetiva se transforma o se precipita en otra interior y subjetiva. La obra de arte intenta registrar el instante en que una cosa exterior y objetiva se transforma en otra interior y subjetiva, es decir, en una imagen visionaria, reveladora de espacios poéticos nuevos. Lo vital es captar lo profundo de las cosas que lo rodean. Este poder del artista se asemeja al que sienten los místicos y santos cuando acceden a esa “verdad divina”, pues el poeta es un ser de comunión con el mundo, de humilde acercamiento al hombre. Místico, en las lenguas latinas, es la transcripción del término griego mystikós, que significaba en griego no cristiano lo referente a los misterios (ta mystika); es decir, las ceremonias de las religiones mistéricas en las que el iniciado (mystes) se incorporaba al proceso de muerte-resurrección del dios propio de cada uno de los cultos.
Ya en el siglo XVII se utilizaba el concepto “místico” para designar a las personas que viven una experiencia especial o tienen una forma particular de conocimiento de Dios. Es una experiencia interior, inmediata, que tiene lugar en un nivel de conciencia que supera la que rige en la experiencia ordinaria y objetiva, de la unión del fondo del sujeto con el todo, el universo, el absoluto, lo divino, Dios o el Espíritu.
Underhill afirmaba que “la mística es la expresión  de la tendencia innata del espíritu humano a la completa armonía con el orden trascendente, sea cual sea la fórmula teológica con la que se comprende ese orden”.
Hay místicos que afirman la huida del mundo, que poseen espíritu monacal y representan la salvación como disolución del individuo en el Absoluto (Simeón, Miguel de Molinos, por ejemplo).  Pero también existe la fe contraria: la piedad profética que afirma la persona, el mundo y la historia; se realiza como revelación, reconoce a un Dios personal y se propone la transformación del mundo (Matsuo Basho, Arybhata, san Andrés, Alberto Durero, Saadi, entre otros).
La solvencia y el rasgo propio del lenguaje místico consisten en ser un lenguaje de la experiencia. Los místicos expresan una experiencia de una realidad trascendente. En ellos se produce una trasmutación donde todo saber es interiorizado, pues procede de una fe vivida y de una acción intensa de unión con Dios, un conocimiento considerado subjetivo e interior, los cuales, a pesar de su inefabilidad, se dejan expresar en literatura por medio de la palabra, a través de la reflexión, la descripción y la “metáfora viva”, ya que existe una afinidad estrecha entre la poesía y la mística (uno de sus representantes más importantes es Rilke).
La mística es un modo de concebir la relación del espíritu humano con la Realidad última. La mística presupone que el hombre ha de ser partícipe de la naturaleza divina si ha de conocer a Dios. El hombre interior existe, su vigilia y su sueño, la imagen del mundo visible e invisible, el estado permanente de misterio, “el mundo de la maravillosa majestad” del que hablaba Plotino.
Al apoyarse siempre en la materia, en la figura, su indagación poética brotará siempre de las entrañas mismas de las cosas. Esta visión y participación directa, de posesión activa, se conjuga con la vivencia total de la experiencia del creador. En el poeta hay un impulso vertical, aéreo, que lo guía, más cuando advertimos sus imágenes ascendentes, debido a que su palabra es un instrumento de búsqueda profunda, nueva, intensa y trascendente, con la cual consigue la revelación. Dicha cualidad se da cuando el portador de la palabra mística se adentra en la realidad y detenta una claridad como don, conexión de la luz con la oscuridad, integradas tras una fervorosa búsqueda de conciliación. El poeta intenta así expresar en palabras las vivencias de difícil manifestación, una verdad interior sólo asequible por la fe. En su plena noción, la poesía es una alabanza, un movimiento de iluminación, dirigida a los hombres en forma de unión, compañía, alianza, solidaridad y diálogo. De semejante lugar surge una voz íntima, la voz del cuerpo del lenguaje intenso.
Sabemos que la mística es la sustancia misma de lo humano. Lugar y tiempo trascienden en consagración y plenitud y se reflejan en el creador a través de la potencia creadora y la pasión poética, dueños del lenguaje y de la palabra nueva. Porque a un mundo nuevo construido le corresponde un nuevo lenguaje, el lenguaje de la libertad que inventa lo que nombra y que habita. Heidegger afirmó, conforme con lo anterior, que “habitar poéticamente significa estar en presencia de los dioses y ser tocado por la esencia cercana de las cosas”.
Se trata de la apertura infinita a la palabra y la destrucción, por lo tanto, de un sentido único, gracias a la constante interrogación desde la experiencia que lo transforma todo. Así lo expresa Blanchot:
El poema es la ausencia de respuesta. El poeta es quien, por su sacrificio, mantiene en su obra la pregunta abierta. En todo tiempo, vive el tiempo del desamparo, y su tiempo es siempre el tiempo vacío donde debe vivir la doble infidelidad, la de los hombres y la de los dioses.

Argumentará también que todo poema es un exilio insatisfecho y el poeta será un errante, fuera de sí mismo, de su lugar natal, extranjero, el siempre extraviado, aquel que está privado de la presencia firme y la residencia verdadera”.
El poeta  vive en lo sobrenatural y así está imbuido del paulatino intento de substantivizar la fe, de encontrar una sustancia de lo invisible, alcanzando dentro de la poesía un mundo de rotunda y vigente significación.
Volvamos a la epifanía o el registro de un instante fugaz y yuxtaposición de dos órdenes de experiencia, uno perceptivo y otro imaginario, cuando un elemento de la realidad positiva entra a formar parte de la conciencia del poeta, otorgándole a aquella súbita revelación y manifestación espiritual un sentido trascendente. Porque lo esencial de la poesía es el temperamento que la abarca, la variada significación vital, el tono anímico, su conmoción y palpitación  interior,  no la verdad exterior, tal como lo manifiesta Pfeiffer:
           
La poesía logra abarcar de un aletazo la totalidad de lo existente, conjurar de un golpe lo más cercano y lo más lejano. Aquello que para nuestra experiencia está y permanecerá siempre separado se une y mezcla en virtud del hechizo poético. Porque lo que la poesía quiere decirnos no lo captamos con la mirada fija en el tema y en el motivo, sino entregándonos al modo de presentación henchida de temple de ánimo y de su atemperada significación.

El temple de ánimo surge dentro de nosotros y nos invade como una fuerza inconsciente que generará una tensión y estado de excitación. Tal fuerza es reveladora, una virtud iluminadora que descubre nuestro ser más auténtico. Así lo manifiesta Guillermo Sucre:

El cuerpo y el instante constituyen una experiencia más compleja, que vive sobre todo de la tensión: no quiere borrar la contradicción sin antes hacerla más intensa. No se trata, pues, de una moral de la compensación, sino de una pasión; tampoco de un mero instinto, sino de una conciencia. Por medio del instante, el hombre se encuentra consigo mismo porque simultáneamente se encuentra con la presencia real, visible, tangible: el mundo entra en mí, yo entro en el mundo. En el instante, el tiempo deja de ser opacidad sucesiva y reasume su fluir de tiempo original, desligado de la compulsión cronológica. Lo insólito es que lo reconquistamos en este día que mañana será memoria.

La concreción de la epifanía en el poema es mínima pero su sabiduría es máxima. Su expresión concentrada nos enseña una suprema comprensión del mundo.

FEDERICO DÍAZ-GRANADOS*

Descripción: PORTADA ADIÓS A LENIN

LAS PRISAS DE INSTANTE

Tenía razón el tiempo en llevar su afán         
en instalarse donde le pareciera
y en tener sus rituales y hostilidades.

Ahora entiendo sus tardanzas y balbuceos
y su prontitud para los aciertos,
de esta terquedad de fijar unas cuantas palabras en un extremo de la infancia
y otras tantas en un rincón de esta calle ronca
que se parece tanto a la vida, llena de sorpresas y de silencios.

Por eso perdóname por tantas deshoras.
por convocarte en noches de rencores y presagios
por amontonar en la misma gaveta ruinas y asuntos cotidianos
entre el cansancio de los días y la terca música de los silencios.

Tenía razón el tiempo en llevar su ritmo
y la vida en tener sus afanes
para quedarse acá
con todas las prisas del instante.

Por eso perdóname por estas premuras
por no saber la gramática y las palabras de una lengua olvidada
por haber perdido libretas, las  llaves
y la vieja canción de exactos compases y cenizas
como si en el afán del tiempo
cada día, sin importar la hora,
se extraviaran los sueños.

PARECIDOS INDELEBLES

Cada vez te pareces más a tu padre -me dicen en la calle-
en sus gestos, en su forma de caminar,
por su frágil manera de mirar el paso de la gente.
Por sus ademanes en la mesa y el ritual de hacer listas sin objeto.

Son parecidos –gritan las tías y los primos–
en las señas y el modo de llevar la soledad
en cómo caminamos los mismos trayectos citadinos
y en la costumbre de repetir anécdotas en similares horas.

Parecen dos magos enseñando a los niños viejos trucos
-dice mi madre algunos días-
y los colores de la ropa no combinan
con el estado del corazón y de la mirada.

Cada día somos más parecidos
y el carácter y los modales revelan una forma
de estar en medio de tantos ausentes,
de recuerdos guarecidos y canciones repetidas.
Todo aquello que fue lo más pasajero



ENCUENTROS

Si te estrellas de frente con mi corazón
no huyas y no  intentes borrar tus huellas dactilares
tampoco lo dejes por ahí a merced de algún desprevenido transeúnte
y no lo escondas, como al hijo torpe, de las visitas.

Si lo ves mordido en los bordes como un viejo borrador de la primaria
somételo a una calle de lluvias y remates.
Alguien se encartará con tan pesado encargo lleno de canciones incendiadas
y viejas vajillas en desuso
Alguien lo agitará queriendo oír alguna voz
como quien golpea durante horas la puerta de una casa vacía.

O si lo llegas a ver entre mis ruinas déjalo en la calle.
que este corazón de prisas y tardanzas
siempre se acomodó mejor a la intemperie.

GOOD BYE LENIN

De niño algunas veces jugaba a ser cosaco.
Otras veces retozaba como Konsomol o cosmonauta.

Así transcurrió la infancia:
guerras del Zar
en un patio sin nieve ni abedules,
ni estepas ni pueblos incendiados.
A veces era Kasparov o el osito Misha
y recreaba historias de amor en el transiberiano.

La voz del padre, daba cuenta de Matrioskas y samovares
y del mausoleo de Lenin bajo una luz ultravioleta.
de los monumentos a Puskhin y Máximo Gorki
y de las noches blancas de Leningrado.

Era el verano de 1985
y por onda corta hablaron de la perestroika.
Cambiaron los coros del ejército rojo por canciones de U2
relatos de pioneros por un incendio en Chernobil.

Y no volvieron los cosacos, ni los konsomoles,
ni los cosmonautas a mi cuarto
en aquella noche en que mi madre me daba las buenas noches
en voz baja para no despertar a toda la casa
mientras apagaba para siempre
la última luz de mi infancia.

NOTICIA DEL HAMBRE

Me habita el hambre. Y todos me lo dicen.
No es el miedo ni la duda
apenas un ritmo intacto que no toca con su sal la orilla.
Es el hambre, quizá un leve testamento
o esta insistencia en destruir la casa
y renovar la piedra en sueño.

Es poco lo que recuerdo de mi a esta hora, el disperso,
el que a la intemperie es un poco de hierba,
una palabra sin traje con olor a otras tierras
y que mira con cara de extranjero todas las prestadas alegrías.

Llega el hambre con su mismo azar y su idéntico augurio.
La lluvia está debajo de la carne
y pocas cosas recuerdan al viejo amor
que ya no cuenta.

Es el hambre. Y todos me lo dicen.
No es el leve testamento ni la tristeza de las noches.
No es la poesía
ni la música que traduce el tiempo.

Un poco de hambre
y el cansancio de llenar la estantería de ausencias.


PASTELERÍA METROPOL


Yo vengo sin idiomas desde mi soledad
Luis García Montero


Miro en la vitrina
el reflejo de mi cuerpo
Sobre el vidrio
Y me veo gordo, cansado, sobre aquellos pasteles de vainilla

Y pienso en los amigos que no volví a ver
¿y qué sabían ellos de este corazón caduco
donde no cabe ni un centímetro del mundo?

Y cuando no te reconoces en los pasos del hijo, ni en el espejo
harto de esquivar malos presagios
viendo de lejos el esplendor de las pérdidas
lo indescifrable y lo desconocido.

Callo: mi silencio alcanza ese cuerpo que no entiendo,
desmancho mi corazón de su último incendio.

Y sigo extranjero en ese vidrio,
gordo y cansado
y atrás de mí
algunas sombras, gestos de abuelos y tíos muertos
sobre los pasteles de vainilla.

*Nació en Bogotá en 1974. Es director de la Biblioteca de Los Fundadores del Gimnasio Moderno y de su Agenda Cultural.  Ha publicado los libros de poesía: Las voces del fuego (1995); La casa del viento (2000), Hospedaje de paso (2003) y Las prisas del instante (2015). Han aparecido las antologías de su poesía: Álbum de los adioses (2006), La última noche del mundo (2007), Las horas olvidadas (2010) y Adiós a Lenin (2017).

METAPHYSICA


Envidio a esos hombres que de un simple gesto
apagan una estrella.

Rafael Cansinos Assens

Del libro (El divino fracaso)

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CARTAS DE LOS LECTORES


QUERIDOS CONFABULADOS: Gracias al profesor Fabio Jurado Valencia, al escritor Fabio Martínez, al historiador César Ayala y a ustedes, por preocuparse y difundir siempre noticias de nuestra cultura mexicana.  Juan Martínez Serrano



CONFABULADOS ¡Qué grande Pasolini y qué excelente nota sobre su vida y obra Miguel Alberto Franco

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AMIGOS DE CONFABULACION: Sobre la fragilidad de la memoria humana y tecnológica, se ha escrito mucho en el tiempo presente. Cuando el dios Hermes le presentó al Faraón Thamus su invención tecnológica la escritura, éste le respondió con un rechazo. El hombre confiaría a un trazo en el papiro y se olvidaría fácilmente de todo, perdería su memoria. El Faraón no pudo predecir el nacimiento del libro físico porque nunca había visto nada escrito en un papel.  El libro, dice Umberto Eco: "no es la petrificación de la memoria, sino una máquina para producir interpretaciones". Sigo disfrutando los méritos de su publicación, en especial los textos de Omar Ardila Yezid Morales

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QUERIDOS CONFABULADOS: Se siente orgullo patrio cuando se entera uno a través de medios como Confabulación, de los logros de los artistas colombianos en el exterior.  Arturo Zapata Valverde
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